Escenas de la vida bohemia by Henry Murger

Escenas de la vida bohemia by Henry Murger

autor:Henry Murger [Murger, Henry]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Otros
editor: ePubLibre
publicado: 1848-12-31T16:00:00+00:00


XVI

EL PASO DEL MAR ROJO

Marcel llevaba cinco o seis años trabajando en aquel famoso cuadro que afirmaba que iba a representar el paso del mar Rojo y, desde hacía cinco o seis años, el jurado del Salón rechazaba empecinadamente aquella obra de arte del color. En vista de ello, a fuerza de ir y venir desde el estudio del artista hasta el museo y desde el museo al taller del artista, el cuadro se sabía tan bien el camino que, si le hubieran puesto ruedas, habría podido ir solo al Louvre. Marcel, que había vuelto a hacer diez veces aquel lienzo y lo había retocado de arriba abajo, atribuía a una hostilidad personal de los miembros del jurado ese ostracismo que le vedaba anualmente el Salón cuadrado del museo; y, en los ratos de ocio, había compuesto, en honor de los cancerberos del Instituto[67], un breve diccionario de insultos con ilustraciones de una punzante ferocidad. Aquella antología se había hecho célebre y había conseguido en los talleres de pintura y en la escuela de Bellas Artes el mismo éxito popular que la inmortal endecha de Giovanni Bellini, pintor oficial del gran sultán de los turcos; cuantos emborronaban lienzos en París tenían un ejemplar en la memoria.

Durante mucho tiempo, las encarnizadas negativas que recibía antes de cada exposición no habían desanimado a Marcel. Se había instalado confortablemente en la opinión de que su cuadro era, aunque de menores proporciones, la esperada pareja de Las bodas de Caná[68], esa gigantesca obra maestra cuyo deslumbrante esplendor no ha podido empañar el polvo de tres siglos. Por lo tanto, todos los años, cuando llegaba la época del Salón, mandaba el cuadro a la selección del jurado. Sólo que, para despistar a quienes lo sometían a examen e intentar que infringieran aquel prejuicio que parecían sentir contra El paso del mar Rojo y los movía a rechazarlo, Marcel, sin tocar nada de la composición general, modificaba todos los detalles y cambiaba el nombre.

Así fue como llegó en una ocasión a presencia del jurado con el nombre de El paso del Rubicón. Pero reconocieron al faraón, mal disfrazado con el manto de César, y lo rechazaron con todos los honores debidos.

El siguiente año, Marcel cubrió una de las zonas del lienzo con una capa de blanco que simulaba ser nieve, plantó un abeto en una esquina y, tras vestir a un egipcio de granadero de la guardia imperial, bautizó el cuadro con el nombre de El paso del Beresina.

El jurado, que aquel día se había frotado bien las gafas en las vueltas de las mangas de los fracs bordados de palmas verdes, no cayó en aquella nueva celada. Reconoció a la perfección el lienzo tozudo, sobre todo por el peculiar caballo multicolor que se encabritaba al filo de una ola del mar Rojo. Marcel usaba la capa de aquel caballo para todos los experimentos de color y, en su jerga, lo llamaba cuadro sinóptico de los colores finos, porque se reproducían allí, con los correspondientes juegos de sombras y de luz, las combinaciones de color más variopintas.



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